Crónicas de México

El poder invisible (Primer apunte sobre la amabilidad mexicana)

Su desahogada cortes?a me colore? hasta la insensibilidad; era demasiado pronto, de ma?ana. Antes Ciudad de M?xico s?lo hab?a sido amable. Contrarreloj de gentileza ?dos instantes de un saludo, nueve minutos de uber o media hora del men? del d?a? rematada por una encuesta sobre su trato. Camin? envuelta en su educaci?n esponjosa ?dispar a la urbanidad conciudadana o al anonimato c?vico?, desconocida para quien llega de Madrid o Barcelona. Hasta ayer. Hoy su hospitalidad es acre, m?rbida, afogarada como un mal caf?.

Servicial, como el d?a anterior, tom? nota de mi expresso; mi correcci?n concisa y sin antesalas ??pero con doble carga, por favor?? convoc? al danzante. Con el servilismo de quien teme el azote espont?neo de una violencia arraigada apareci? el bienmandado; en su coreograf?a una mansedumbre que busca la excepci?n como recompensa, una seducci?n envilecida que se ofrece desde la propia humillaci?n para provocar el indulto. Fue atroz verme desde su irrefutable sospecha. Todos sus pasados ?mande?, ?aqu? estamos para servirle?, ?a la orden?, me acariciaron con una dentera desplazada haciendo patente el poder que ?l hab?a puesto en mis manos: el de maltratarle. Una incomodidad insalvable, inversa a sus modales, escarch? mi geograf?a corp?rea; me puse en guardia. No. Era ofensivo que me impusiera ese poder; escoc?an su docilidad y su ind?mita certeza.

Fue el primer caf? que tomo azucarado, no pod?a dejar de a?adir sobrecitos; el gusto del amo hab?a inundado de bilis su amabilidad y mi simpleza.[1]


[1] ?La palabra chingar, con todas estas m?ltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepci?n de la vida social como combate engendra fatalmente la divisi?n de la sociedad en fuertes y d?biles. Los fuertes ? los chingones sin escr?pulos, duros e inexorables? se rodean de fidelidades ardientes e interesadas. EL servilismo ante los poderosos ? especialmente entre la casta de los "pol?ticos" esto es, de los profesionales de los negocios p?blicos? es una de las deplorables consecuencias de esta situaci?n. Otra, no menos degradante es la adhesi?n a las personas y no a los principios. Con frecuencia nuestros pol?ticos confunden los negocios p?blicos con los privados. No importa. Su riqueza o su influencia en la administraci?n les permite sostener una mesnada que el pueblo llama, muy atinadamente, de "lambiscones" (de lamer).? Octavio Paz. Laberinto de Soledad. Posdata. Vuelta al laberinto de soledad. Fondo de Cultura Econ?mico. 2015.

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